Frase de la semana

"Los educadores forman a sus educandos como los océanos forman a los continentes: retirándose" (Friedrich Hölderling. Filósofo alemán, 1770-1843).

lunes, 15 de septiembre de 2014

EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD DE NUESTROS HIJOS Y LAS RELACIONES SOCIALES.

Carlos y Guillermo peleando por un juguete.
En nuestra vida diaria y con frecuencia tendemos a "poner etiquetas" a los niños/as con los que convivimos (nuestros hijos, sobrinos, amigos de nuestros hijos, etc.) en función del comportamiento que muestran. Así, tenemos la tendencia de ir dibujando un perfil concreto de cada uno de ellos (Marta es "tímida", Marcos es "violento", Guillermo es "movido"...), y, además, hacer juicios de valor acerca de cómo será su desarrollo a lo largo de su vida : "éste no va a tener problemas, le va a ir fenomenal", "éste/a va a ser un niño conflictivo/a"...
La verdad es que es difícil pronosticar cómo le van a marchar las cosas en la vida a los niños desde edades tempranas y simplemente observando los rasgos visibles de su personalidad.
Los niños y niñas protagonizan cambios muy importantes a lo largo de todo su desarrollo vital. En los primeros años de su vida, se encuentran fundamentalmente bajo los cuidados y la supervisión de sus padres y otros familiares. Es lo que llamamos su ámbito de socialización primario. Coincidiendo con su andadura en la escuela (a los 3 años, o antes si asisten a guardería), ya comienzan a socializarse en otros contextos fuera de la familia, como el propio colegio, actividades extraescolares, etc. Su abanico de relaciones sociales se expande en lo que llamamos ámbitos de socialización secundarios, en los que comienzan a relacionarse con otras personas que ya no son sus referentes familiares (maestros/as, nuevos amigos...). 
Es natural, por lo tanto, que los niños experimenten cambios en su personalidad propiciados por la gran cantidad de personas diferentes con las que se relacionan. Estas relaciones hacen que, poco a poco, vayan conformando su personalidad aún inmadura. Seguramente, todos podemos recordar aquella disputa que tuvimos con algún amigo/ y que nos hizo reflexionar, aquella vez que alguien nos demostró que estábamos equivocados y nos puso "en nuestro sitio", aquella conversación con nuestros padres que nos hizo cambiar el rumbo... En fin, todas aquellas experiencias han ido dejando su particular huella y poco a poco nos han ido convirtiendo en las personas adultas que somos hoy.
Por lo tanto, merece la pena dar la oportunidad a nuestros hijos de desarrollarse como personas en libertad, sin etiquetas tempranas. 

Javier Pérez Jiménez
Educador Social
EOEP Cáceres-1
     

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